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¿De dónde vienen las posadas?

La tradición mexicana que nunca falla (y por qué nos encantan tanto)


Si hay una tradición que las familias mexicanas esperamos con emoción —además del recalentado, claro— son las posadas. Desde que suenan las primeras campanitas de diciembre ya estamos pensando en los buñuelos, en la piñata estrella y, cómo no, en el clásico: “¡No me empujen que me tumban!”. Pero ¿te has preguntado alguna vez de dónde salió todo este show tan nuestro? Vamos por partes.


¿Qué son las posadas y por qué se hacen?


Las posadas son celebraciones que se realizan del 16 al 24 de diciembre, y representan el peregrinaje de José y María buscando posada antes del nacimiento del Niño Jesús. Sí, ya sé, tú y yo andamos buscando posada también cuando vamos a la plaza y no encontramos estacionamiento… pero esa es otra historia.


Esta tradición llegó a México en el siglo XVI gracias a los frailes agustinos, que usaban las posadas para enseñar la historia del nacimiento a través de rezos, cantos y pequeñas representaciones. Con el tiempo, nosotros los mexicanos hicimos lo que mejor sabemos hacer: le metimos fiesta, comida y dulces.



Detalles curiosos que quizá no sabías

Aquí vienen esas chispitas de conocimiento que puedes presumir en la posada de la oficina… sin caer pesada, eh.


1. La piñata original no era como la conocemos


La primera piñata de posada era una olla de barro (sí, literal una cazuela) decorada con papeles de colores. Tenía siete picos, representando los siete pecados capitales. Al romperla se “vencía el pecado” y caían los dulces, que simbolizaban bendiciones.

Ya sabes, pura metáfora espiritual mientras uno esquiva palazos.



2. El ponche no siempre llevaba fruta


En la época colonial se preparaba con base de hierbas, caña y especias. Con el tiempo le fuimos metiendo tejocote, tamarindo, manzana, canela… y si hay confianza, un piquetito de tu preferencia. El espíritu navideño también necesita apoyo moral.



3. Las posadas mexicanas mezclan raíces indígenas


Antes de la llegada de los españoles, ya existían fiestas en diciembre dedicadas a Huitzilopochtli. Cuando llegaron los frailes, se empalmaron ambas festividades… y México hizo su magia fusionando culturas.



4. No en todo México se hacen igual


En unas casas hacen posadas bien solemnes con letanías completas; en otras ya para el tercer villancico la tía se avienta el “Burrito Sabanero” versión karaoke. México diverso y maravilloso.



La piñata: protagonista indiscutible


Sabemos que la fiesta no empieza hasta que sale la piñata. La clásica para posada es la de estrella de siete picos, pero con los años han aparecido de todos los tamaños, colores y personajes. No falta el niño que pide una de dinosaurio en plena Navidad, y una cumple con gusto… porque así somos.


El truco está en rellenarla bien:

Dulces tradicionales, gomitas, cacahuates, colaciones, algunos juguetes pequeños…



Cierre inspirador

Que esta temporada te agarre preparada, con la piñata bien amarrada y el ponche calientito. Y recuerda: las posadas no solo son tradición… también son memoria, risas, caos y ese dulcecito que te hace sentir como niña otra vez.


Corre por tus dulces y accesorios a LA PIÑATA y haz de tu posada la más recordada del año.

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